Se dice que las bases de la cultura occidental se pueden apreciar en el arte clásico griego. Esculturas estilizadas, que reproducían a la perfección un cuerpo humano ideal, dieron pie a una manera de entender la belleza. Esto llevó a que la pintura se remitiera a esos ideales, sobre todo en el renacimiento. Costó un par de siglos que los pintores y escultores se liberaran de esto y comenzaran a mostrar arte desde una perspectiva más propia.
Me pregunto entonces, ¿Qué hubiera pasado si se hubiera desarrollado más el arte latinoamericano sin la violenta ruptura que tuvo su desarrollo después de la conquista española? No me refiero a que no hubiera ocurrido nunca la conquista, sino a la posibilidad de que la cultura latina se hubiera enriquecido más de sus propias raíces posteriormente a la conquista, en vez de verse tan contaminada (o enriquecida, según como se vea) por la influencia europea.
Sin duda que el arte latino actual se alimenta en alguna medida de sus orígenes más autóctonos. En su mayoría, tiene un componente que lo hace único. Si observamos las esculturas de los indígenas mexicanos, encontramos algunos patrones. Se ve más creatividad a la hora de representar el cuerpo humano. No es tan rígido como la escultura griega. Por ejemplo, en esta foto se ven perfiles más exagerados, extremidades deformadas hasta el absurdo, cuerpos tatuados e intervenciones corporales, como tatuajes o piercings.
Si bien en otras obras aztecas aparece un símil de la Venus europea, el común denominador son los rostros geometrizados, cuerpos huesudos con la intención de resaltar ciertas características, etc. Soluciones distintas a las planteadas por la era clásica que aparecen en nuestras representaciones artísticas e incluso en nuestra cultura de vida, si se puede interpretar lo erótico de algunas obras con el sabor latino reconocido mundialmente. Sin embargo, en nuestra cultura actual esas cosas se fusionan con lo occidental, al punto de considerar nuestra sociedad como parte de occidente y de estar un poco segregada a los museos la expresión indígena. Cuesta que aparezca como una cultura viva.
Tal vez veríamos más tatuajes entre nosotros los latinos, o menos vestimentas occidentales. Más sombreros con aplicaciones horizontales, más adornos simbólicos. Pero lo que me parecería más interesante, es la creatividad en la abstracción que se hubiera desarrollado. Si le belleza clásica europea dio pie, en el largo plazo, a genios como Picasso, Braque y otros próceres del cubismo, la cultura latina, con una antigüedad capaz de hacer piezas tan alucinantes como esta de acá al lado, podríamos imaginar un arte latino contemporáneo capaz de aportar cosas muy interesantes al mundo.
Me parece que ese es un aspecto bastante interesante de trabajar: el descubrimiento de nuestras raíces, pero ya no con fines antropológicos para un museo, sino para volver a darle vida y evolución a un fenómeno que me hubiera gustado que no se hubiese visto interrumpido.