Me puse bastante triste cuando empecé a hacer una
retrospectiva de mi vida y asocié cosas que nunca antes había hecho.
Yo solía ser super transparente, espontáneo y expresivo. Cuando uno es chico, obvio que le cuenta a todo el mundo "me invitaron
a un cumpleaños". Es práctico y de sentido común. Hay que comprar
regalo, se comparte la alegría... Hasta que uno siguió creciendo, y ya
no eran cumpleaños felices. Eran fiestas. Y me cargaban, lo pasaba
pésimo. Mis padres, alertados por un aparente signo de
antisociabilidad, me obligaban a ir. Y era lo peor que podía pasarme.
Hasta que aprendí una manera sutil de defenderme: no
pasar información. Si mis compañeros hacían fiestas, de mi no lo
sabrían, y así mi preadolescencia seguía a un ritmo más o menos deseado
por mi. Al poco tiempo, empecé a darme cuenta de que yo era ateo.
Muchas cosas fueron decantando internamente en mi y llegué a estar
super seguro de aquello. Pero cachaba cómo se venía la mano de la
tolerancia en ese aspecto. Algo de terreno tanteaba. Así que me lo
guardé. Hasta que el 24 de diciembre de 1997 me destaparon la olla y
quedó efectivamente la cagá. Que mala influencia para mis hermanos, que
ojalá el intercambio al que estaba postulando fuera "por mucho más que
un año", fueron algunas de las cosas que me dijeron y que probablemente
ya se les olvidó, pero a mi no. Parecía que hubiera sido mejor que
nunca supieran y que todo siguiera en aparente pero falsa armonía.
Siguió la vida, y aparecieron las minas. Cierta
libertad que siempre había tenido siempre con mis relaciones
interpersonales se veían ahora un poco restringidas, y no entendía
porqué. Cuando terminé, decidí que iba a ser más cuidadoso con qué
información de minas iban a manejar. Y así tuve un par de cosas, alguna
más trascendente que otra, gozando de toda la libertad de estar siempre
con mis amigos. Años después, aparece una chica importante, y fue
indisimulable, pero sirvió para hacer la prueba. Y con resultados
catastróficos. Críticas hasta por el tipo de relación. Y un ojo que
estaba siempre encima. O lo sentía así. Me sentí juzgado. Hasta los
valores me los han sacado en cara.
Y así me he dado cuenta de que ellos tienen
razón. que no puedo pretender cambiarlos, que la casa es de ellos. No
puedo pedir que se alegren por cosas que no están de acuerdo. El tema
es qué hago yo para defenderme. Cuando me inscribí para votar, de
verdad sentía miedo. Desde que me dijeran "por fin maduraste" (cuando
estoy orgulloso de haberlo hecho por haber tomado conciencia y no por
inercia) hasta cosas relativas a que yo no vote por Lavín. Si fuera más
extremo, no me costaría imaginarme un "¡no quiero comunistas en mi
casa!". Es super simpático que mi hermano chico esté metido en el
movimiento gremialista de la UC, y que quiera ser de la juventud UDI,
pero no sé si sería tan simpático que hubieran sabido en su momento que
andaba con una chica comunista y dirigenta estudiantil. El otro día
hablaban del futuro de todos mis hermanos, quien va a ser el primero en
casarse, la Gabriela, la Ella, el Pelao no porque el va a ser super
inteligente, va a tener todo super estructurado antes de... y se acabó
la conversación. Pregunté "¿y el Gustavo?". "Uf! jajajaja!, quizás qué
cosa".
Me da pena ver a la Ella toda urgida porque no puede
ir a ver a su pololo tranquila a su casa en stgo porque "una señorita
tiene que serlo y parecerlo" y toda angustiada porque sabe lo fácil que
es mentir pero no quiere hacerlo. ¿Qué sacaría yo con traer a mi chica
a tomar oncesita a Viña, si lo único que consigo es que se ponga altiro
el ojo sobre mi? La Ella me decía que cuando estaba soltera, era una
puerta abierta, carrete con las amigas hasta las 6 AM, todo bacan. Me
encantaría poder ser espontáneo, poder compartir algunas alegrías, pero
se ha transformado un problema que mis padres sepan de mi. Tener que
estar siempre alerta de proteger mis límites. Casi como un guardían que
cuida lo más preciado que tiene. Y tratando de no mentir, más bien
omitir, porque soy el peor mentiroso que existe, se me nota altiro.
Pueden saber que voy a un concierto a Santiago, pero no lo que hago
antes, o que haré una práctica en Santiago (otra vez) pero no lo que
hago cuando se acaba el horario (otra vez).
Estoy super cansado de este, y mi hermana quiere que
lo conversemos, porque esto no da para más, y lo único que va a
acarrear es que salgamos corriendo de aquí, y no porque no los
queramos.